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La mayoría estamos encerrados, tratando de sobrellevar la situación de la mejor forma posible. Cada familia y cada realidad tiene sus propios desafíos. En este momentos los que podemos quedarnos en la casa tenemos la obligación de hacerlo, no hablo de sólo la obligación legal, sino ética, empática, solidaria, podría seguir con la lista, pero se entiende. Quédate en tu casa.

En el libro “Observar, Conectar, Celebrar” de Corita Kent y Jan Steward, aparece una frase de los balineses que inspiraba a la Sister Corita: “No tenemos arte. Hacemos todo lo que mejor que podemos”. En estos días me resuena profundamente, “Hacemos todo lo mejor que podemos”.

No sabemos la mejor manera de abordar una pandemia, no sabemos como conciliar labores domésticas con homeschooling y además con el trabajo. Toca hacer de sicólogo, de chef, de profesor, couch motivacional, etc. Se agradece profundamente que el ser taxi de los hijos haya quedado fuera de la ecuación pandémica por este momento.

Al final del día terminamos cansados, agotados, con tareas pendientes, montones de ropa sucia y juguetes tirados por ahí y sin la certeza de saber cómo lo hicimos, la único cierto es que al igual que todos los días, lo hacemos todo lo mejor que podemos y eso es suficiente.

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