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Todo comenzó como un pequeño desliz. Pasé por Color Animal y compré diez lápices Polychromos de Faber Castell. Si no los conocen, son lápices de colores que se ven comunes y corrientes, pero son muy pigmentados y suaves, de calidad profesional.

Fue como comprarse una barra de chocolate prometiéndose comer solo un cuadrado al día y terminar zampándose la barra completa.

Mi idea inicial era complementar el set de lápices de colores acuarelables que ya tenía, como los set traen los colores más típicos, elegí tonos inusuales.

Los amé, y como era de esperar, no los usé con los lápices acuarelables. Me vino la ansiedad por tener más ¡Los colores que tenía no eran suficientes!

Una cosa llevó a la otra. Terminé comprando más lápices sueltos y después encargué a EE.UU. un set de 24 colores que me costó casi la mitad del precio que tienen aquí en Chile.

Estos lápices complementan muy bien la acuarela, mi técnica favorita. Los uso para detalles y para generar más contraste en algunas zonas. También funcionan muy bien con rotuladores, haciendo una primera capa de color sólido con los rutuladores y después agregando textura y detalles con los polychromos.

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